Crítica de Ricardo Martínez Llorca

Nos ha llamado la atención la estupenda crítica realizada por Ricardo Martínez Llorca en la revista cultural digital Culturamas y que a continuación reproducimos

Culturamas

 

 

Pretender que un libro de autoayuda sea universal es un enunciado que presenta, cuando menos, una aporía. Resolver que uno debe ser transparente, exponiendo la fórmula que le ayudó a alcanzar no ya la felicidad, sino un grado de vitalidad como para llamar a su paso por el mundo, es una empresa que, aunque suene antiguo, tiene mucho de noble. Sin esconderlo, eso es lo que pretende Monterapia. Su autor, Juanjo Garbizu, (Donostia, 1961), es un andarín aficionado a la montaña. En el libro nos narra sus experiencias en varios continentes, sus pasos por montañas pequeñas y holladas, así como por los lugares mágicos que pertenecen a las leyendas de los viajes.
El libro expone como metáforas lo que pertenece en concreto al mundo de la montaña. Así, por ejemplo, todos cargamos una mochila. De hecho, al final todos terminamos rompiéndonos por la espalda, que donde acarreamos la mochila. Pero al mismo tiempo, expone rituales que se atribuyen al mundo de la espiritualidad al realismo de una etapa en el monte: el retiro, la soledad y la compañía, la pureza, el descubrimiento, la orientación, a austeridad, la lentitud o la economía del tiempo, el aprendizaje o la autosuficiencia.
Sin ambages, Garbizu toma partido por el paisaje contraponiéndolo al mundo digital, por el caminar frente al sedentarismo. Y por encima de todo, aboga por la resiliencia, algo que a él le ha dado sus frutos. No esconde que uno debe adaptar sus ansias en la montaña a sus limitaciones, pero cree en la superación personal tanto como en la falsa felicidad de la tarjeta de crédito. La expresión que él utiliza es la montaña. Es difícil encontrar un escenario que signifique libertad con tanta fortaleza. Ni siquiera el mar, sobre el que no es posible desplazarnos, ni el cielo al resultarnos imposible volar. Tal vez el bosque, el santuario de las hadas, sea lo único comparable a la montaña. Pero, por norma general, ambas cosas suceden a la vez. La montaña es cumbre y la cumbre es desnuda, pero también es valle y el valle es fértil, es bosque.
Hay en Monterapia un cierto espíritu reaccionario, en el sentido más literal del término: Garbizu cree que las cosas eran mejor antes que como son ahora. Los ejemplos en que se ampara son indiscutibles. En buena medida, el ecologista puede ser progresista en lo social, pero en lo que toca a la naturaleza es reaccionario. Nadie negará que antes había más espacios para el hombre libre, para el buen salvaje, para la naturaleza. Y por naturaleza entiende el lugar donde el hombre es más creativo que racional, más intuitivo que inteligente, más corazón que cerebro. Ese hecho, el de la creatividad, independientemente de la altura de la cima, es lo que definirá la buena experiencia del monte como terapia. Si uno se siente creativo, bueno en el buen sentido de la palabra bueno, es que está en la montaña adecuada.

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